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“...el rostro de Richard Nixon, totalmente lleno de soledad, autoaborrecido y vencido” (James Reston Jr; Frost/Nixon).
Este justamente es el logro alcanzado por Frank Langella (“Good night and good luck”, 2005) en su interpretación de Richard Nixon en la película “Frost /Nixon”.
Acudiendo al aspecto púramente físico, Langella toma como suyos aquellos gestos y ademanes del ex presidente, tan conocidos por el público, haciendo además clara exposición de su torpeza, de su cuerpo pesado y poco ágil y por supuesto de su figura encorvada que hacía ver en la parte alta de su espalda un aspecto de gibosidad.
Sin embargo, y a pesar de una excelente interpretación, el aspecto físico de Nixon no parece verse en detalle retratado tal como si sucedía con la interpretación que de este personaje hiciera Anthony Hopkins en la película “Nixon”, (1995), del director Oliver Stone, donde este veterano actor lograba un increíble parecido al personaje real.
Sin embargo Langella hace de este papel un ejemplo de excelente interpretación actoral al no limitarse tan sólo a una imitación física de Nixon, aspecto ya largamente abarcado por muchos cómicos que por medio de la emulación han ridiculizado a este personaje por décadas, quizá como medio para exorcizar la vergüenza que el ex presidente significa para la historia Norteamericana.De esta manera Langella logra mostrarnos a un personaje atormentado, viviendo la frustración de la derrota, de la vergüenza y del desprecio que los estadounidenses no dudaron en expresar. Nixon no parecía asumir su error, aún peor, no parecía comprender el por qué de su fracaso y de las críticas ante algo que él veía perfectamente justificado y que durante el resto de su vida intentó exponer a un público poco dispuesto y ya cansado de él y sus absurdas explicaciones. Es así que el éxito interpretativo de Langella radica en transmitir estos
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Por: María Fernanda Espinosa
Imágenes: Cortesía UIP





