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“Así es como se llega al Carnegie Hall, Sargento Donowitz…práctica”; son las palabras de el Teniente Aldo “El Apache” Raine, al Sargento Donny “El Oso Judío” Donowitz, después de marcar con cuchillo la esvástica en la frente de un soldado Alemán. Érase una vez en la Francia Ocupada, un día común y corriente para los “Bastardos”, un escuadrón de guerrilla conformado por soldados Judío-Americanos, con un sólo propósito: matar Nazis.

Solo una película puede contar con semejante descripción: es la nueva epopeya de la Segunda Guerra Mundial escrita y dirigida por el único realizador capaz de crear una obra como “Inglorious Basterds”, el popular Quentin Tarantino, quien, con su sexta obra, logra una de las más gratas sorpresas de la temporada que parece haber llegado al ápex con el estreno de esta fabulosa reinvención de un género que, a pesar de ser gran favorito de críticos y público, había llegado a un estancamiento algo frustrante. Es algo maravilloso cuando para el cine llega un verdadero artista, toma un género aparentemente acabado, y lo resucita. Así es como se debe aplaudir a Tarantino, del cual muchos asumen demasiado antes de entrar a sus películas debido a su muy conocida filmografía, y su ineludible estilo, pero que, como todo gran autor, es capaz de sorprendernos con algo inesperado y bastante innovador, una “comedia trágica” sobre la “Segunda Guerra Mundial”, dicho de esta manera, porque esta no es la Segunda Guerra Mundial que todos conocemos, esta es la Guerra de Tarantino.

“Inglorious Basterds”, tal como el clásico del mismo autor, “Pulp Fiction”, es una historia que no debería contarse o escribirse, se debe experimentar en una sala de cine. Esta comparación con “Pulp Fiction” puede sonar algo exagerada, debido al alto estatus que tiene esta obra, pero, “Inglorious Basterds” es tal vez la mejor película de Tarantino desde la aclamada cinta del año 1994. Al igual que su predecesora, la película de Tarantino está dividida por capítulos, 5 esta vez: “Erase una vez en la Francia Ocupada”, “Inglorious Basterds”, “Noche Alemana en Paris”, “Operación Kino” y “La Venganza del Gran Rostro”, ligados por un exquisito mosaico de personajes muy propios de la pluma de Tarantino, cada uno más memorable que el anterior.

Aunque los medios y el estudio dedicaron mucha atención en la promoción de la cinta a Brad Pitt y su papel protagónico, como el Teniente Aldo “El Apache” Raine, sin ánimos de descontar la fabulosa y sumamente cómica interpretación del actor, sin lugar a dudas, quien se lleva los honores es el Alemán Christoph Waltz, quien ya se fue a casa con La Palma de Oro como Mejor Actor, y quien seguramente, estará entre los mas opcionados a ganar el Oscar. El personaje de Waltz, el Coronel Hans Landa de la SS es tal vez uno de los mejores personajes de la invención de Tarantino, según él mismo lo describe. Landa, es uno de esos villanos encantadores al mejor estilo de Hannibal Lecter o el Guasón, quienes están destinados a recibir más atención que los héroes de las obras a las que pertenecen. Con una interpretación magistral, sumamente compleja, ya que, el mismo Tarantino llegó a pensar que el papel era ininterpretable, Waltz sale victorioso, y se suma a la lista de actores veteranos a los que la fama había eludido, pero que sin lugar a dudas, tendrá sus muy merecidos 15 minutos después de su admirable trabajo. De la misma forma es importante resaltar el trabajo de las dos musas rubias del film; Diane Kruger, y su fabuloso personaje como la diva del cine Alemán Bridget von Hammersmark, y Mélanie Laurent como Shosanna Dreyfus, alias Emanuelle Mimieux, quien es fotografiada con el mismo fetichismo con el que Hitchcock o Scorsese fotografiaron a sus respectivas rubias, donde la cámara de Tarantino parece hacerle el amor a esta joven y hermosa actriz francesa, quien de seguro se convertirá en el sex symbol del thinking man como una vez lo fue Uma Thruman con su papel de Mia Wallace.
Al ser esta una obra de Quentin Tarantino, serán obviedades los muchos elementos del guión como cartas de amor al cine clásico, en las famosas referencias y tributos incluidas en cada una de sus películas, tal como desde los créditos iniciales, con el tema “The Green Leaves of Summer” nos recuerda a la cinta “The Alamo” (1960) de John Wayne, la duplicación de planos como el referido del umbral de “The Searchers” (1956) de John Ford, la escena de reclutamiento sacada de “The Dirty Dozen” (1967), y toda la mise en scene del primer capítulo, digna de un western de Sergio Leone.

Sin embargo, con esta obra, Tarantino dio un paso enorme, y más allá de usar los cánones del western en otro sub genero del cine, como lo hizo en Kill Bill, logró hacer una película de la Segunda Guerra Mundial dedicada casi en su totalidad al arte del cine como tal. Se podría decir que “Inglorious Basterds” es el poema de amor al cine más elegante de Tarantino, y logra una convincente y satisfactoria historia en la que los soldados Nazis discuten sobre el cine de G.W Pabst & Leni Riefenstahl, o sobre cómo Max Linder nunca supero a Chaplin por la persecución final de “The Kid” (1925), incluso comparando la historia de los esclavos negros en América con la de “King Kong” (1933), o un general Inglés preguntándose cómo UFA, el estudio de cine Alemán de la época, bajo el comando de Goebbels, le gana a Judíos como Louis B. Mayer en su mismo juego. Sólo en el cine de Segunda Guerra Mundial de Tarantino, el arma más grande es la orgullosa colección de 350 rollos de películas de nitrato de Madeimoselle Mimieux, y un escuadrón de guerrilleros Judíos aterrorizando a los Nazis en la Francia Ocupada, con el espectáculo de ver al Sargento Donny “El Oso Judío” Donowitz, interpretado por Eli Roth, director de “Hostel” (2005), apaleando Nazis en la cabeza con un bate de baseball. Recibida con los brazos abiertos tanto por la crítica como por el público, “Inglorious Basterds” es una de las películas más satisfactorias en mucho tiempo, y parafraseando a Steven Spielberg, al decir que “Star Wars” (1977) le devolvió las palomitas de maíz al cine, “Inglorious Basterds”, con su tono jocoso, y socialmente irresponsable, le devuelve las palomitas de maíz al cine de la Segunda Guerra Mundial, el cual se había convertido en una consecución de melodramas obsesionados con el pathos que obviamente genera la terrible tragedia que fue esa oscura etapa de nuestra historia. Tarantino nos regala un precioso documento fílmico de otra índole, una película que nos entretiene y nos satisface totalmente. El cine debe entretener, y es algo que no podemos olvidar, y el entretenimiento puede ser vulgar y banal, o puede ser hermoso y bello, y es muy fácil definir en qué categoría figura la nueva cinta de Tarantino. “Inglorious Basterds”, ¡es un bingo! Y si, Teniente Raine, después de mucha práctica, creo que esta será su obra maestra.
Por: Albert Díaz
Imágenes: Cortesía UIP





